viernes, 12 de abril de 2013

Adoración


80. ADORACIÓN
Adoración

No es necesario ir a la iglesia, al templo o a la mezquita; allí donde estéis, sed dichosos, y allí estará el templo. El templo es una creación sutil de vuestra propia energía. Si sois dichosos, creáis el templo a vuestro alrededor, una determinada aura, una luz, una fragancia.


En los templos simplemente hacemos cosas falsas. En los templos ofrecemos flores que no son nuestras; las tomamos prestadas de los árboles. Ya fueron ofrecidas por Dios a los árboles y en ellos estaban vivas; las habéis matado, habéis matado algo hermoso, y ahora le estáis ofreciendo esas flores asesinadas a Dios y ni siquiera os sentís avergonzados.

He observado, en particular en la India, que las personas no toman las flores de sus propias plantas, las recogen de las de sus vecinos, y nadie puede impedírselo, porque este es un país religioso y recogen flores con propósitos religiosos... no se les puede decir que no. La gente enciende luces y velas, pero no son suyas; la gente quema incienso y surge la fragancia, pero todo es prestado.

El verdadero templo se crea mediante la felicidad... y todas estas cosas comienzan a suceder por cuenta propia. Si sois felices, descubriréis que unas flores están siendo ofrecidas, pero dichas flores son de vuestra conciencia; hay luz, pero esa luz surge de vuestra propia llama interior; hay fragancia, pero esa fragancia corresponde a vuestro ser. Esa es la verdadera adoración.