jueves, 11 de abril de 2013

Monólogo


61. MONÓLOGO

Es muy difícil ser religioso, porque debéis ser al mismo tiempo el experimentado y el experimentador, el experimento y el científico. No hay separación interior. Estáis interpretando un monólogo.


En un drama corriente, hay muchos actores y los papeles están divididos. En un monólogo, estáis solos. Vosotros debéis interpretar todos los papeles.

Un monje zen solía llamar todas las mañanas en voz alta: «Bokuju, ¿dónde estás?». Era su propio nombre (risa). Y él mismo respondería: «¿Sí, señor? Estoy, aquí».

Luego diría: «Bokuju, recuerda, recibes otro día. ¡Sé consciente y alerta y no seas tonto!». Entonces respondería: «Sí, señor, me esforzaré». ¡Y allí no había nadie más! Sus discípulos empezaron a pensar que se había vuelto loco o algo por el estilo. Pero lo que hacía era interpretar un monólogo. Y así es la situación interior. Vosotros habláis y vosotros escucháis, ordenáis y obedecéis. Es difícil, porque los papeles tienden a mezclarse, a superponerse. Resulta muy fácil cuando otros son los conducidos y vosotros sois los líderes.

Si los papeles se dividen, las cosas resultan nítidas. Nada se superpone; vosotros tenéis que acabar vuestro papel y él terminar el suyo. Es fácil; la situación es arbitraria.

Cuando sois ambas personas, la situación es natural, no arbitraria, y, desde luego, más complicada. Pero poco a poco aprenderéis.