lunes, 8 de julio de 2013

Profundidad

325. PROFUNDIDAD
Un único momento puede convertirse en la eternidad, porque no se trata de duración, sino de profundidad.

Un único momento puede convertirse en la eternidad, porque no se trata de duración, sino de profundidad. Hay que entender esto: el tiempo es duración, la meditación es profundidad.

El tiempo es duración: un momento que sigue a otro momento que sigue a otro momento; una hilera, una línea, un proceso lineal... pero uno se mueve horizontalmente en el mismo plano. Tic... tic... pasan los momentos... pero el plano sigue siendo el mismo.

En momentos de profundidad, de repente descendéis o ascendéis. Ambas cosas son lo mismo, pero habéis dejado de estar en un plano horizontal... os volvéis verticales. De repente un giro, y escapáis del proceso lineal. Uno siente miedo porque la mente solo existe en el plano horizontal. La mente se asusta. ¿Adónde vais?

Parece la muerte. Parece locura. Para la mente solo son posibles dos interpretaciones: u os estáis volviendo locos u os estáis muriendo. Ambas cosas asustan, y en cierto sentido, ambas son ciertas. 

Para la mente os estáis muriendo, de modo que la interpretación es correcta... y estáis muriendo para el ego. Y en cierto sentido os estáis volviendo locos, porque vais más allá de la mente que monopoliza toda la cordura; que cree que solo aquello que se halla dentro de la mente está cuerdo, y loco aquello que hay más allá. Cruzáis el limite, cruzáis la línea de peligro, y nadie lo sabe... una vez que la hayáis cruzado, es posible que no volváis.

Pero cuando vais más allá de la línea horizontal, hay eternidad, el tiempo desaparece.

Un momento puede ser igual que la eternidad, como si el tiempo se detuviera. Todo el movimiento de la existencia se detiene porque la motivación se detiene.