275. DESAMPARO
El mundo es vasto y el hombre está desamparado. Es difícil, muy difícil, pero una vez que aceptáis el sufrimiento humano básico os invadirá una calma absoluta.
Es más fácil aceptar la desdicha propia que la de otro. Incluso resulta posible aceptar el sufrimiento de otro, pero la desdicha de un niño: inocente, desvalido, que sufre sin ninguna causa aparente; no puede replicar, tampoco protestar o defenderse. Parece tan injusto, feo, horrible, que es difícil de aceptar.
Pero recordad que no solo el niño está desamparado, sino vosotros también. En cuanto entendéis vuestro propio desamparo, la aceptación llegará como una sombra. ¿Qué podéis hacer? También vosotros estáis desamparados. No digo que os volváis duros como una piedra. Sentidlo, pero sabed que estáis desamparados. El mundo es vasto y el hombre está desamparado. En el mejor de los casos, podemos sentir compasión. Y aunque hagamos algo, no hay certeza de que nuestra acción vaya a ayudar... quizá cause más desdicha.
De modo que no os digo que perdáis la compasión. Solo perded la convicción de que el sufrimiento humano está mal. Y desprendeos de la idea de que tenéis que hacer algo al respecto, porque en cuanto la persona activa entra en juego, el testigo está perdido. La compasión es buena, el desamparo es bueno. Llorad, no hay nada de malo en ello. Dejad que fluyan las lágrimas, pero hacedlo sabiendo que también estáis desamparados; por eso lloráis.
La idea misma de que podemos hacer algún cambio es muy egoísta, y el ego no para de perturbar las cosas. Así que desprendeos del ego y simplemente observad.