284. MARAVILLA
El conocimiento destruye la capacidad de maravillarse. Esta es una de las cosas más preciadas de la vida, y el conocimiento la destruye. Cuanto más sabéis, menos os maravilláis, y cuanto menos os maravilláis, menos significa la vida para vosotros.
El corazón inocente está en un continuo estado de maravilla, como un niño que recoge caracolas o piedras de colores en la playa, o que simplemente corre de un lado a otro en un jardín en pos de mariposas... y se maravilla por todo. Por eso los niños hacen tantas preguntas.
Si salís una mañana a dar un paseo con un niño, termina por agotaros porque empieza a preguntar por esto y aquello, a formular preguntas que no se pueden contestar: «¿Por qué los árboles son verdes?» y «¿Por qué es roja la rosa?» Pero ¿por qué hace esas preguntas? Se siente intrigado. Está interesado por todo. La palabra interés procede de una raíz que significa estar involucrado... ínteresse. El niño se involucra en todo lo que pasa.
Cuantos más conocimientos adquirís, menor se vuelve vuestra participación en la vida.
Simplemente pasáis de largo... no os preocupa la vaca, el perro, el rosal, el sol y el pájaro; no os preocupa. La mente se os ha vuelto muy estrecha; simplemente vais a la oficina o volvéis a casa. Cada vez más vais en pos de dinero, eso es todo. O detrás de poder, pero ya no estáis relacionados con la vida en su multidimensionalidad. Estar maravillado es relacionarse con todo, y ser constantemente receptivos.
