miércoles, 12 de junio de 2013

Lo Falso y lo Verdadero

274. LO FALSO Y LO VERDADERO
Lo Falso y lo Verdadero

La primera vez que la mente se vuelve meditativa, el amor da la impresión de ser una servidumbre. Y en un sentido es verdad, porque una mente que no es meditativa no puede estar realmente enamorada. Ese amor es falso, ilusorio; más parecido a un capricho y menos al amor.

Pero no tenéis nada con qué compararlo a menos que suceda el de verdad, de modo que cuando la meditación empieza, poco a poco se disipa y desaparece el amor ilusorio. Primero, no os desaniméis. Segundo, no lo convirtáis en una actitud permanente; estas son dos posibilidades. 

Si alguien es un creador y medita, toda la creatividad desaparecerá por el momento. Si sois pintores, de pronto no os encontraréis enfrascados en vuestra pasión. Podéis continuar, pero veréis que vuestra energía y entusiasmo se reducen. Si sois poetas, la poesía cesará. Si sois hombres que habéis estado enamorados, esa energía simplemente se desvanecerá. Si tratáis de obligaros a entrar en una relación, de ser vuestro viejo yo, la imposición será muy peligrosa. Entonces hacéis algo contradictorio: por un lado tratáis de entrar, por el otro, intentáis salir. Es como si condujerais un coche y pisarais al mismo tiempo el acelerador y el freno. Puede ser un desastre, porque hacéis dos cosas opuestas al mismo
tiempo.

La meditación solo va contra el amor falso. Lo falso desaparecerá, es una condición básica para que aparezca lo verdadero. Lo falso debe irse, debe abandonaros por completo; solo entonces estaréis disponibles para lo real. Mucha gente piensa que el amor está contra la meditación, y la meditación contra el amor... lo cual no es cierto. La meditación está contra el amor falso, pero por completo entregada al amor verdadero.